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Mostrando las entradas de noviembre, 2020

Cerrando ciclos.

  La sensación de cierre siempre nos lleva por un viaje mental difícil, cuando la comparamos con: final para siempre, desaparición, ruptura, es decir con conceptos definitivos , sin detenernos en que el cerrar algo desde la conciencia y el amor, no es más que ratificar su importancia, honrar su fuerza y limpiar cualquier herida abierta que haya quedado escondida.     Nos duela o no, la vida se compone de finales y comienzos, de cierres y aperturas; cuando el miedo nos aprieta el pecho, escapamos como delincuentes comunes, por la puerta de atrás, quedando condenados a la repetición de éstas desagradables experiencias, y perdidos en lo que parece un laberinto de trampas.     Cuando asumimos, no ausentes de dolor, la necesidad de cerrar algo (Relaciones, trabajos, sociedades, negocios, o cosas cotidianas), nos fastidia y muchas veces, hasta lo encontramos inútil, por eso lo postergamos, nos hacemos los locos, o simplemente lo hacemos rogando no dar la cara....

Que Familia!

  He oído en estos años cientos de historias de familias, lo que me permite concluir que en ese vínculo eterno, sanguíneo y sistémico, está mucho de lo que somos, resolveremos y trascenderemos. Hay quienes se sienten en la familia equivocada, esta postura pertenece a una adolescencia familiar, llámese a un vínculo no ejercido, y menos profundizado. Siento anunciarles que tal equivocación no es posible: siempre tenemos la familia que nos muestra cosas que somos incapaces de mirar en nosotros, y la que nos lleva a las importantes reflexiones; aunque reconozco que no es fácil de digerir, aceptar y menos ejercer nuestra parte con responsabilidad.   Uno de los problemas con la familia se presenta en nuestra imposibilidad de renunciar a ella. Nunca he sabido de ex madres, ex hijos, o de ex tíos; ellos son y serán, te guste o no. Y no hay nada más duro que intentar romper vínculos, pues éstos te siguen a donde vayas y te aparecen por doquier. Quizás, fue en la familia donde, dócil...

El difícil arte de madurar.

Lamentablemente, ni el transcurrir del tiempo, ni la suma de experiencias vividas, ni el cúmulo de éxitos determinan la madurez , entendiendo ésta como esa amalgama de astucia, sabiduría y fortaleza extraída y resumida de vivencias que se nos muestran, sobre todo, en lo que más tememos: en el silencio, la oscuridad y en la soledad de este viaje que es la vida. Cuando hablo de madurez, intento explicar que es importante determinar quién o qué está conduciendo el vehículo de nuestra vida, más que detenernos en lo que llevamos en el carro. Por ejemplo, el miedo : al contrario de lo que se dice, puede ser un gran elemento porque nos pone en contacto con nuestra debilidad y con el sentido que nos preserva ; por lo tanto, llevarlo es buenísimo, pero nunca como chófer. Imaginemos al miedo conduciendo nuestro carro por una carretera de curvas y farallones, en medio de una tormenta. Sería una locura. Así mismo, podríamos hablar de la rabia, la tristeza, el entusiasmo. Esa comprensión la perm...