La sensación de cierre siempre nos lleva por un viaje mental difícil, cuando la comparamos con: final para siempre, desaparición, ruptura, es decir con conceptos definitivos , sin detenernos en que el cerrar algo desde la conciencia y el amor, no es más que ratificar su importancia, honrar su fuerza y limpiar cualquier herida abierta que haya quedado escondida. Nos duela o no, la vida se compone de finales y comienzos, de cierres y aperturas; cuando el miedo nos aprieta el pecho, escapamos como delincuentes comunes, por la puerta de atrás, quedando condenados a la repetición de éstas desagradables experiencias, y perdidos en lo que parece un laberinto de trampas. Cuando asumimos, no ausentes de dolor, la necesidad de cerrar algo (Relaciones, trabajos, sociedades, negocios, o cosas cotidianas), nos fastidia y muchas veces, hasta lo encontramos inútil, por eso lo postergamos, nos hacemos los locos, o simplemente lo hacemos rogando no dar la cara....